lunes, 7 de noviembre de 2011

The End (Haru, ¿estás contenta?)

Capitulo 21: Veronica

Nathan se fue al instituto y nosotras nos quedamos solas.
Las cuerdas que nos retenían no estaban demasiado apretadas, Nathan las aflojó a posta.
-          Emily, ¿qué crees que estará pasando ahí fuera?-preguntó Ashley.
-          Estarán preocupados.
-          Ya, no saben nada.
-          Le diré a Nathan que lo tenemos que hacer pronto-susurré.
Por la tarde Nathan nos contó su encuentro con Verónica:
-          Tú madre ha contratado a una chica, Verónica, para que te busque.
-           Tenemos que terminar con todo esto pronto-dije.
-          Sí, mañana mismo llamaré a D.-contestó él.
-          Esperemos que todo salga bien- comentó Ashley.
-          Esperad, llaman a la puerta-dijo Nathan.
Fue a abrir. Arriba se oyeron tres voces. Una era de Nathan y otra de mi madre.
-          ¿De quién es la tercera voz?-le pregunté a Ashley.
-          Quizás es de la detective que ha contratado tu madre-respondió.
De repente oímos como alguien corría hacia donde estábamos.
-          ¡Lo sabia!-exclamó una chica viniendo hacía mí.
Nathan la inmovilizo y la ató.
-          No estropees el plan-le dijo.
-          ¿Qué plan?-preguntó la chica.
-          Ya lo descubrirás-respondió Nathan.
Nos dio pena, estaba confusa, así que le contamos nuestro plan.
-          No me lo puedo creer-exclamó.
Por la noche Nathan nos bajó la comida.
-          ¿Por qué no vas a ver a mi madre?- le sugerí.
-          Vale-respondió y se marchó.
-          ¿Qué ha sido eso?-preguntó Verónica.
-          Todo forma parte del plan-susurró Ashley.
Nathan volvió aproximadamente media hora despues.
-          Ya está-dijo.
-          ¿Qué has hecho?- preguntó la chica.
-          Vale ya de preguntas-contestó Nathan- Sé lo que hago.
Entonces su móvil sonó.
By: Emily

Capitulo 22: Todo se resuelve

Emily me sugirió que fuese a su casa a ver a su madre. Era una parte del plan.
-          Señora Fields. Tengo que hablar con usted.
-          ¿Qué pasa Nathan?
-          Sé dónde está Emily.
-          ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde?
-          Tranquilícese por favor. Tenga- dije y le di la carta.
-          ¿Qué es?
-          Léalo, pero no ahora.
-          ¿Cuándo lo leo?
-          Cuando me vaya.
Salí de la casa, me metí en el coche y me fui. Confiaba en que la madre de Emily fuese lo suficiente inteligente como para adivinar nuestro plan.
Volví a casa y Verónica no paró de hacerme preguntas.
-          Vale ya de preguntas-contesté- Sé lo que hago.
Entonces sonó mi móvil.
-          ¿Sí?
-          Nathan, ¿qué estás haciendo?
-           ¿Qué pasa?
-          Ya llevas tres rehenes.
-          Lo siento, no pude impedirle que las viera.
-          Nate, Nate, me ha llamado la madre de Emily. Quiere verme.
-          ¿Y a mí qué me cuentas?
-          Dice que si no voy mañana a su casa con esas tres no hará nada.
-          ¿Y?
-          Vamos a tener que ir. Te veo mañana en frente de su casa a las 20:00.
Colgó. ¿Iba a conocer a D.? No estaba seguro, pero él me había dicho que me vería allí.
Toda la noche la pasé sentado en el sofá del sótano mirando a las chicas, que ahora eran tres. ¿Qué iba a hacer con Verónica? No tenía ni idea. No tenía tiempo para preocuparme por eso.
Las chicas dormían, pero yo estaba demasiado concentrado en el plan como para darme ese gusto.
-          Deberías dormir algo- dijo Emily sorprendiéndome- Mañana va a ser un día largo.
-          No sabía que estabas despierta-contesté.
-          Bueno, estabas demasiado ocupado pensando en yo-que-sé-qué para darte cuenta.
-          ¿Crees que saldrá bien?-pregunté.
-          No lo creo, estoy segura.
-           ¿Qué le pusiste a tu madre en la carta?
-          Si nuestro plan funciona te lo diré.
Al día siguiente fuimos a la casa de Emily. Un coche negro esperaba frente a la puerta.
-          ¿Es él?-preguntó Emily.
Nadie sabía la respuesta. Nadie excepto él, D.
La madre de Emily salió a las 20:00 en punto y miró en todas direcciones.
-          ¿D.?- pregunté nada mas coger el teléfono.
-          Sí. La señora Fields y yo quedamos en que le entregaría a una de las rehenes como seña de que estaban bien.
-          De acuerdo. ¿Quién?
D. me dio la respuesta y colgó.
-          Tú, eres la primera- le dije.
La desaté y salió del coche. Fue corriendo hacia la señora Fields y le dijo:
-          Tranquila, Emily está bien.
-          Verónica, ¿qué ha pasado?
-          No se preocupe. Él no tiene la culpa, hay otro que…
La señora Fields no la dejó continuar. Rompió a llorar. Supuse que era por todo lo que estaba pasando. Frustración, miedo, rabia… No, eso era lo que yo sentía.
D. volvió a llamar:
-          ¿Qué tengo que hacer ahora?
-          Nate, tranquilo. Envía a la otra chica, a la rubia al coche negro que está aparcado delante del tuyo.
-          Vale- colgué- Ash, Ashley, tienes que ir al coche negro.
Mi novia salió del coche y la vi caminar hasta donde D. me había dicho. Lo único que pude oír fue:
-          ¡Tú!
Después una mano con un guante negro le hizo una seña y ella entró en el coche.
Ahora era yo el que llamaba a ese tipo:
-          ¿Qué vas a hacer con ella?
-          Nada. Solo es para que no hagas nada raro.
-          ¿Y ahora?
-          El intercambio.
Salí del coche y le abrí la puerta a Emily. Ella salió y nos fuimos juntos hasta el lugar donde lloraba su madre.
-          Nathan, ¿eras tú?- dudó su madre.
-          No, no se preocupe.
-          Mamá, ¿has hecho lo que ponía en la carta?
-          Sí, hija…
-          Dáselo a Nathan- la interrumpió Emily.
Su madre me entregó un maletín negro y yo me encaminé al coche negro. Cada vez estaba más cerca de D., de saber quién era y de mi padre.
-          Hola Nathan.
-          ¡Damon!
-          El mismo.
Mi profesor de matemáticas salió del coche.
-          ¿Por qué lo has hecho?-pregunté.
-          Una vez la familia de Emily me lo arrebató todo y ahora me lo van a devolver.
-          ¿Qué?- no lo entendí.
-          Pregúntale a Melinda, dile que te cuente lo de Damon Cress. Ahora dame el maletín.
-          Ashley primero.
-          ¡Sal del coche!-gritó Damon.
Ashley salió y se fue corriendo junto a Emily y su madre.
-          Aquí está toda la información sobre tu padre- comentó enseñándome una carta.
Yo le di el maletín y él me entregó la carta.
-          Hasta nunca- entró en el coche y se fue como alma que lleva el diablo.
-          ¡Ojala!- grité.
Una hora más tarde Verónica ya sabía nuestro plan.
-          ¿Qué ponía en la carta?- le pregunté a Emily.
La señora Fields me la entregó:
“Mamá:
Estoy bien. Necesito que hagas una cosa. Llama al número que hay dentro del sobre y di que no vas a hacer nada sin verme. Queda con él mañana y exige que te entregue a Verónica y a Ashley. Coge un maletín y mete dentro un bote, con agua azul.
                                          -Emily”
-          Entonces, ¿no se ha llevado la formula?- cuestioné.
-          No, es agua-respondió Melinda.
-          Llevamos una hora hablando y ni siquiera has abierto la carta- me dijo Ashley.
-          Es verdad.
Abrí la carta que Damon me había dado y la leí.
-          ¿Qué pone? ¿Quién es tu padre?- preguntó Emily con impaciencia.
-          Él-respondí, estaba alucinando.
-          ¿Damon?- dudó Melinda.
-          Eso pone-contesté.
-          ¿Estás bien?-preguntó Ashley.
-          Sabéis qué, me alegro de que se haya ido. Si me ha hecho pasar por todo esto no merece llamarse padre.
-          Muy bien dicho- contestó la madre de Emily.
-          Por cierto, señora Fields, él me dijo que hizo todo esto por su marido-dije.
-          ¿Mi marido?
-          Sí. Dijo que le preguntara por Damon Cress.
-          Ahora lo entiendo-dijo Melinda- A Damon Cress lo acusaron de asesinar a mi marido. Él se empeñó en que no era cierto pero todas las pruebas le apuntaban.
-          Por eso dijo que su familia se lo había quitado todo-comenté- Su todo era yo.
El teléfono de la casa Fields comenzó a sonar.
-          Casa Fields, habla Emily.
Emily puso el teléfono en el altavoz.
-          Os diré algo- era la voz de Damon- Melinda, algún día te robaré la verdadera formula y te lo quitaré todo. Esto no quedará así. Nate, hijo mío, te prometo que nos volveremos a ver muy pero que muy pronto.
By: Nathan

    Fin

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