Ahora los invitados estaban cada vez peor. Los chicos habían contado lo de los peones con sus iniciales. Pensaron que para evitar que desaparecieran los podían esconder. Y cada cierto tiempo iban a ver si seguían todos. Cada hora más o menos.
Sin duda estaban de los nervios, iban a todas partes juntos, todos desconfiaban de todos y no había ni una sola posibilidad de salir de allí.
Los invitados empezaban a pensar en suicidarse. Ya casi no les quedaba comida y poco a poco el ansia les iba corroyendo por dentro. A todos menos a una. Verónica. No estaba nerviosa o ansiosa, solo quería descubrir al asesino. Constantemente revisaba las pistas, hacía preguntas trampa para ver si alguno lo confesaba. Pero era demasiado evidente que podía ser cualquiera. El que fuese estaba haciendo el papel de su vida, porque todos estaban igual de mal.
- El tiempo corre y seguimos sin asesino-dijo Verónica a Lily en la terraza- ya no sé ni quién es.
- ¿Piensas que he podido ser yo?-preguntó Lily mirando a su amiga.
- No tengo ni idea.
- Tú eres la única que lo puede descubrir.
- Eso es lo peor, que no puedo.
- Sí, sí que puedes.
Las dos chicas estaban intentando relajarse un poco en la terraza, pero no les era muy fácil. Oían el ruido dentro y fuera de la casa. El mar rompía con fuerza en las rocas del oeste de la isla. Cada cierto tiempo se oían puertas abriéndose en la casa.
- Hola, ¿qué hacéis aquí tan solas?-preguntó Alex acercándose a ellas- Os traigo un poco de agua.
- Gracias Alex-dijo Lily.
- ¿Puedo sentarme con vosotras?
- Claro-contestó Verónica.
- Odio esta maldita isla-comentó de pronto Alex.
- Creo que todos la odiamos-respondió Lily.
- Todos menos el asesino-dijo Verónica- Se está riendo de nosotros.
- Creo que voy a ir a comer algo, ¿os venís?- propuso Lily.
- Prefiero quedarme aquí-contestó Verónica.
- Y yo- la siguió Alex.
La joven los dejó a los dos solos y entró en la casa. No había rastro de vida por ninguna parte. Pensó que estarían en las habitaciones. Entró en la cocina y se preparó un sándwich.
- Sabes, Verónica, todos los días antes de dormir pienso que todo es una locura y que lo detesto, pero a la misma vez me gusta.
- ¿Cómo que te gusta?
- Estamos atrapados, casi sin comida y a punto de ser asesinados… pero todo es igual que antes.
- No te entiendo.
- Antes cuando íbamos juntos al instituto de Neptuno te veía cada mañana, igual que ahora. En el fondo me encantaría pasar el resto de mi vida aquí, contigo.
- A mí también me parece toda una locura, pero igualmente me gustaría quedarme y verte por las mañanas.
- Si salimos de aquí, terminaré en unos tres meses la carrera y volveré a Neptuno contigo. Prométeme que me esperaras.
- No puedo prometerte eso.
- ¿Por qué?
- No tenemos nada, recuerdas. Lo dejamos hace más de tres años.
- En realidad hace dos años, cinco meses y cuatro horas.
- Cualquiera diría que me has echado de menos.
- Deja ya el sarcasmo, sabes que he pensado en ti desde que me fui.
- Entonces…
- Sí, yo te he esperado. Y me encantaría salir de esta isla…-lo interrumpió.
- Y a mí.
- No me has dejado terminar. Me encantaría salir de esta isla con novia. Verónica, te sigo queriendo tanto o más que antes.
- Yo también.
Y lo inevitable pasó. Los dos jóvenes se besaron en la terraza de la isla que sería su fin. ¿O no? Pero no estaban solos, allí en la ventana había alguien observándolos. Mary. La bailarina fue corriendo a contárselo a Jim.
- ¡Jim, ji! Acabo de ver la cosa más bonita de mi vida.
- ¿Qué?
- He visto a Alex confesándole su amor a Verónica. Y se han besado.
- Al final esta estúpida isla va a tener algo bueno.
- Ha sido tan bon…-Jim no la dejó terminar.
En mitad del pasillo, otra pareja se había formado.
- Si Alex se confiesa yo también. Te quiero Mary.
La chica no dijo nada. Solo volvió a besar al actor.
Pero Mary no era la única que había visto a Verónica y Alex volver.
- Alex, eres el siguiente-dijo una voz misteriosa desde la cima de la roca donde habían encontrado a Jade.